Sánchez y el arte de perder una votación para ganar el debate

Hay políticos a los que se les da por acabados cada pocos meses. Pedro Sánchez es el que más veces ha oído su epitafio y el que más veces ha seguido ahí. Esta semana ha vuelto a mostrar ese patrón.

Los hechos son estos. El 29 de septiembre, el Consejo de Ministros aprobó dos decretos de vivienda, con medidas contra los desahucios y las compras especulativas de fondos, y para la renovación de los alquileres. Llegaron tras días de protestas por el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años, y de una acampada en la Puerta del Sol. Pero un decreto ley debe ser convalidado por el Congreso, y no lo fue. El 2 de octubre, PP, Vox, Junts y UPN votaron en contra. El primero cayó por 178 votos contra 172. Los dos decretos decayeron y hoy no hay ninguna de esas medidas en vigor.

Tras la votación, Moncloa abrió un periodo de reflexión durante el fin de semana, y varios medios informan de que Sánchez estudia adelantar las elecciones al 29 de noviembre. Cuando escribo esto, no hay convocatoria oficial.

Esta es mi lectura, y la doy como opinión. Aunque los decretos cayeran, Sánchez pudo sacarles partido. Antes de la votación escribió que PP, Vox y Junts debían elegir entre estar con la mayoría social o con los especuladores. Ahora la pregunta de campaña está servida, y cada partido tiene que explicar su voto a una calle que ya estaba llena. Perdió la votación, pero ganó un argumento.

Y hay una segunda lectura, más fría. Creo que el objetivo real quizá no sea ganar las elecciones. Una proyección de Redlines para The Objective, publicada el 3 de octubre, da a PP y Vox más de 200 escaños y calcula que el PSOE ha perdido 1,2 millones de votantes hacia la abstención. Con esos números, la meta realista sería otra: llegar a las urnas con el partido lo más entero posible, salvar la mayor parte de los votos y quedar como líder de la oposición, en lugar de hundirse con todo el equipo. En esa jugada, cada día de calle llena y cada derrota parlamentaria bien explicada sirve para frenar la caída. Insisto en que es una hipótesis. Nadie, salvo él, sabe lo que calcula, y las proyecciones pueden fallar.

No sería la primera vez que sorprende. Tras perder ayuntamientos y comunidades en mayo de 2023, disolvió las Cortes y convocó generales para el 23 de julio, cuando casi nadie lo esperaba.

Conviene escuchar también a los críticos. Junts calificó la propuesta de "chantaje" y de alimentar una "falsa esperanza". Feijóo le acusa de usar la vivienda para sus cálculos electorales y le pide que ponga fecha a las elecciones. Y desde el entorno del propio Gobierno se asegura que no dará un paso atrás en vivienda. Son argumentos que merecen atención. Pero las dos cosas pueden ser ciertas a la vez: que haya cálculo político y que el problema sea real.

Porque lo es. Hay gente acampada en el centro de Madrid. Y esa gente, gane quien gane, no necesita una estrategia. Necesita un piso que pueda pagar.

Jose Antonio Carbonell Buzzian

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